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Caceres, entre calles y muros. PDF Imprimir E-mail

caceresblasonFue un fin de semana que se me ocurrió ir a visitar a un amigo que estudia allí en la actualidad, y no pude tener mejor ocurrencia, pasé de no saber nada acerca de Cáceres a quedarme prendado de una ciudad que muestra al mundo su gran historia en los muros de piedra de su casco antiguo.

Llegué allí un sábado noche en el que la selección jugaba su partido de clasificación para el Europeo contra Grecia, y ufff, esta vez sí, se ganó! Era un partido que inevitablemente me hacía recordar cuando fui a verles al estadio de la Romareda en Zaragoza y salí con la ilusión robada y dos goles clavados en el dorsal. Pues bien, el fin de semana no empezaba mal, además hacía tiempos que ni yo ni él volvíamos por Zaragoza a ver a nuestra gente por lo que ya echábamos de menos la familiaridad con la que fluyen las conversaciones entre los amigos de toda la vida, aquello de poder hablar de todo largo y tendido para terminar siempre evocando situaciones que te hacen sacar una sonrisa. Pero bueno, que os voy a contar,.caceresnoche

Aquella noche ya decidimos dar un paseo por la ciudad que como podréis imaginar no es muy grande, así que en seguida estábamos ya en la plaza central de Cáceres, donde se encuentra el ayuntamiento y multitud de terrazas al estilo de cualquier plaza mayor.  Uno de los costados de la plaza se abre a un pórtico magnífico que tras subir unas escaleras te mete de lleno en la Ciudad Monumental. La parte antigua no es como la de las demás ciudades, está es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1986, y mayormente no encontraras un alma por sus calles a poco que te pierdas. Esa fue una de las primeras impresiones que me llevé al cuerpo; era lo que tanto tiempo venía buscando; un sitio auténtico conservado como antaño y en el que se respira el auténtico aroma de su tiempo pasado. Las luces eran bajas y justas, el único sonido era el de nuestros píes, los muros altos de piedra mostraban sus blasones inclinados hacia el suelo y las viejas puertas de madera mostraban que el paso del tiempo tenía un concepto diferente para aquellos nobles.  Parecía como si de un momento fuese a salir un Capitán Alatriste de cualquier esquina.

Fue un paseo de sorpresa tras sorpresa, blasón aquí, dosel allí, convento más allá y piedra por todos los lados. Una buena manera de empezar a conocer una ciudad; con la boca abierta diciendo,, "mira allí!". Como en toda tarta hay siempre una guinda, esta vez fueron los tres espectacular tabernas que nos encontramos por el camino. Totalmente mimetizadas con el ambiente de la calle respetaban el silencio exterior (o es que los muros de piedra no hacen concesiones al sonido). La primera tenía una corrala por entrada, situada por detrás de la iglesia y de la plaza San Jorge. La otra tan perdida en mitad de una callecita como nosotros, y con una estilo más propio del Soho de Nueva York que aún así se integraba perfectamente con la piedra de alrededor. La tercera no me atrevería a llamarla taberna si no fuese por sus menús rústicos; era el restaurante del parador nacional de Cáceres. No sé si fue el miedo escénico o el hecho de llevar poco dinero en el bolsillo, pero ante sitios tan bonitos y con tanta clase decidimos ir a lugares más asequibles a probar los famosos curados de la zona. caceresblasonY eso hicimos, después de nuestra ración de historia buscamos un lugar donde ampliar nuestra cultura gastronómica. Tres platos tengo irremediablemente que recomendar; los curados de la zona, a ser posible jamón de bellota (como no!), la también famosa torta del Casar, que usualmente sirven en su propia cubierta partida por la mitad y que terminamos rebañando hasta el final ( si os imaginais la escena es un poco grotesca pero aún nos dijo el camarero que había gente que se llegaba a comer la corteza, así que nos miramos, y seguimos rebañando). Y por último una  Cerveza de Abadía del Monasterio de Yuste (ahora ya entiendo porqué Carlos V eligió ese sitio para retirarse...) que me sorprendió muy agradablemente tanto, que de allí nos quedamos bebiendo y charlando largo y tendido hasta que cerraron. Las conversaciones ya no os las cuento porque a alguna chica de Cáceres no le gustaría mucho,..La noche no dio más de si ya que al día siguiente queríamos seguir con nuestra fugaz visita y había que aprovechar para impregnarse al máximo en ese ambiente único. A la mañana siguiente mi amigo me tenía una sorpresa reservada; me subió al coche y me llevó hasta un mirador con unas preciosas vistas de la ciudad, el Santuario de la Virgen de la Montaña (Patrona de la ciudad), un sitio especial para los lugareños donde no os será difícil encontraros un domingo de boda o gente subiendo andando hasta el mirador. Desde allí se podía ver como Cáceres está situado sobre una leve colina que domina toda la dehesa, motivo que ayuda a comprender los orígenes defensivos de Cáceres. Los alrededores están dominados por el ganado que pasta tranquilamente en la dehesa, como si lo que pasase a doscientos metros más allá en la ciudad no les perturbase, algo que te hace preguntarte acerca de la calidad de vida y de la verdadera sostenibilidad; ¿no será ese un concepto más cercano de lo que nos imaginamos? Una pregunta que me quedo para responder más adelante..  

El resto de la mañana la dedicamos a pasear tranquilamente por el centro de la ciudad, una zona que se ve que se ha desarrollado al margen del casco antiguo y que mantiene la arquitectura típica castellana de casa bajas, cornisas, forjas con una decoración austera y funcional.

La hora de la comida fue como siempre lo es para mí, un placer. Encontramos un bar de diseño en el paseo central de Cáceres en el que tras unas cervezas y sus correspondientes tapas nos decidimos a quedarnos a comer allí, bien de queso y bien de cerdo; rico rico y con fundamento. caceresplazaYa por la tarde volvimos a darnos un último paseo por la ciudad antigua antes de la vuelta a casa, esta vez bajo la luz natural del sol y con algo más de información acerca de lo que veíamos, ya que me había estado informando sobre los palacios más importantes en la web www.cacerespatrimonio.com.  Fue un paseo agradable en el que nos encontramos algún músico tocando la guitarra y algún otro con la flauta, y en donde nos dio tiempo de pararnos a analizar los mil blasones repartidos por la ciudad. Lo que nos pareció curioso es ver cómo entre cuatro familias tenían toda la ciudad dominada ( Solis, Golfines, etc.. ) y se iban combinando creando nuevos y mezclados escudos.En esas se nos hizo ya de noche así que di por conclusa mi visita a esa bonita ciudad en la que me hubiese quedado paseando hasta haber retornado mentalmente al siglo XVI, cosa cierta, y me volví a Madrid por una la autovía de Portugal, que por cierto está novísima.

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